Los dos monjes

Los dos monjes

¿Cuanto peso cargas sobre tus espaldas sin darte cuenta? 

Dos monjes iban en peregrinación y habían recorrido ya muchos kilómetros. Viajaban evitando en la medida de lo posible el contacto con la gente, pues pertenecían a una orden monacal que les prohibía hablar con las mujeres o tocarlas.

cuento-zen-el-cruce-del-rio

No tenían intención de ofender a nadie, de modo que procuraban transitar los caminos más apartados y se alimentaban de frutos silvestres.

Era la estación de las lluvias y mientras caminaban albergaban la esperanza de que el río que tenían que cruzar no hubiese quedado infranqueable.

Cuando llegaron al punto donde tenían que cruzar no vieron señal alguna del barquero; la barca, al parecer, había sido arrastrada por la corriente. Entonces se dieron cuenta que había allí una bella mujer que vestía ropas elegantes y llevaba un paraguas. La mujer imploró a los monjes que la ayudaran a cruzar, pues tenía una misión urgente que cumplir y el río, aunque ancho y rápido, no era profundo.

El monje más joven se limitó a ignorar a la mujer obedeciendo las estrictas reglas de su orden y miró hacia otra parte. El mayor, sin embargo, no dijo nada, pero cargó a la mujer sobre sus hombros y cruzó el río, depositándola completamente seca en la otra orilla.

Mientras proseguían su viaje a lo largo de espesos y enmarañados bosques, el monje más joven censuró al mayor, desdeñando sus acciones y acusándole de haber traicionado a la orden y sus votos. ¿Cómo se atrevió? ¿Cómo pudo? ¿En qué estaba pensando? ¿Quién le había dado derecho?

Finalmente, los monjes se adentraron en un claro y el monje de más edad se detuvo y miró fijamente a los ojos del más joven. Se produjo un largo silencio.

Por último, y en un tono suave, con una mirada clara y benévola, llena de compasión, el monje de más edad se limitó a decir: «Hermano, hace ya una hora que dejé en tierra a aquella mujer sin embargo, eres tú el que todavía sigue cargando con ella».