El coaching es para ti, si…

El coaching es para ti, si…

El coaching es para ti, si…

Si te has preguntado cómo conseguir prosperar, si piensas que tener una determinada habilidad, o beneficio, logro, éxito, te cambiaría la vida… el coaching es para ti. Tendemos a pensar de manera errónea que hay demasiadas cosas fuera de nuestro alcance. Eso no deja de ser un engaño de nuestra mente, de nuestras inseguridades y comparaciones que nos atrapan en creencias limitantes.

¿Crees que el coaching es para ti? Seguramente ni te lo hayas planteado. Esto tiene fácil solución, el coaching es la disciplina de gestión esencial para optimizar el potencial y el rendimiento de las personas, así que, toma nota…

Foto Dan Burton

1.- SI… necesitas superar barreras y romper bloqueos.

Desbloquear es romper ataduras. Seguramente tus ataduras son esas pequeñas e imperceptibles cuerdas que sólo están en tu mente aunque sin embargo dominan tu vida. Además tienen nombre inseguridad, miedo, desvalorización, creencia limitante, incluso comodidad mal entendida. Porque vivir cómodamente no significa vivir falto de perspectivas abandonando posibilidades de una vida mejor.

Jorge Bucay en su libro «Déjame que te cuente» expresa estas limitaciones de una manera inspiradora y clara en este maravilloso cuento que concentra la fuerza del despertar:

«El elefante encadenado»

«Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante que, como más tarde supe, era también el animal preferido por otros niños. Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunalesPero después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.
El misterio sigue pareciéndome evidente.
¿Qué lo sujeta entonces?
¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia: «Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?».
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta alguna vez.
Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él.
Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro… Hasta que, un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede.
Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo. Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza…
Todos somos un poco como el elefante del circo: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos pensando que «no podemos» hacer montones de cosas, simplemente porque una vez, hace tiempo, cuando éramos pequeños, lo intentamos y no lo conseguimos. Hicimos entonces lo mismo que el elefante, y grabamos en nuestra memoria este mensaje: No puedo, no puedo y nunca podré.
Hemos crecido llevando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y por eso nunca más volvimos a intentar liberarnos de la estaca«

Un proceso de coaching de desarrollo y crecimiento es eso, aprender a liberar tu potencial, hacer fuertes tus capacidades y liberarte de creencias limitantes.

2.- Si quieres vivir plenamente

Vivir plenamente debe ser tu prioridad, es una legítima aspiración. Aunque si el precio que pagas está lleno de ataduras, bloqueos, e insatisfacción sea el que sea, es demasiado alto. Parece mentira que estemos tan acostumbrados a mirar por los precios en nuestra economía y sin embargo nos cueste tanto ser conscientes de los precios personales, emocionales y de satisfacción que pagamos por no tomar las riendas de nuestra vida, valientes y libres.

La buena noticia es que el coaching de desarrollo es perfecto para ti en estas situaciones y otras cuando tenemos que tomar decisiones y acciones y en general, cuando queremos mejorar tu calidad de vida personal y profesional. Porque es un apoyo imprescindible para un buen proceso de toma de conciencia, aprendizaje, autovaloración, análisis de tu entorno y empoderamiento capaz de transformar tu vida.

Paciencia no es conformismo

Nuestras vidas están esperando pacientemente a que tomemos decisiones, a que en lugar de anhelar el momento en el que la superación de barreras y bloqueos se produzca por arte de magia, seamos capaces de adquirir el control pleno de nuestra vida. Vivir en bienestar y armonía interior, saber motivarnos, mejorar nuestras relaciones sociales, familiares y afectivas, superar el dolor emocional y afrontar nuevos retos apostando por nosotros mismos. En definitiva, queremos ser felices, incluso nos planteamos cómo ser feliz con problemas.

3.- Si tus expectativas son más una frustración que una ilusión.

Solemos tener unas expectativas muy altas de lo que podemos conseguir, tan altas que siempre son expectativas y las percibimos tan ajenas y lejanas que se materializan en raras ocasiones.

Las expectativas parecen globos de helio que suben, y suben sin parar hasta que se sueltan de nuestra mano y nos quedamos mirando cómo ilusiones, esperanzas y posibilidades se alejan de nuestra vida. Lo habitual es que, además, esto suceda con cierta frecuencia y es así como acumulamos frustraciones que como pequeños nudos invisibles nos van inmovilizando y bloqueando nuestra capacidad de acción, llegando a sentirnos presa de la desolación.

Cuando vivimos en la esperanza se produce en nuestro organismo un “efecto placebo”, todo parece funcionar bien, al contrario, cuando la mente envía continuamente a nuestro cerebro mensajes negativos se produce el efecto contrario el “efecto nocebo”. Las expectativas a veces se quedan a medio camino, no son una esperanza en sí mismas y tampoco un mensaje negativo. Sin embargo, tienen un matiz, no nos impulsan a la alegría como es el caso de la esperanza porque una expectativa es casi una certeza imaginada de que algo se va a cumplir tal y como deseamos. Cuando esto sucede parece que nos instalamos en la expectativa y pensamos que va a suceder si o si.

En cierto modo las expectativas te roban la esperanza porque si tenemos en cuenta que el 99% de las veces los acontecimientos no se producen exactamente tal y como los hemos pensado, una expectativa tiene muchas probabilidades de hacernos caer en la angustia y el desengaño. Así pensamos que personas o acontecimientos nos han defraudado, y ante esto únicamente nos queda una sensación inquietante de fracaso.

Esperanza tiene un componente de deseo que se manifiesta en motivación y la expectativa, de realización de un hecho del que esperamos una consecuencia favorable.

La ansiedad son expectativas apuñalando tu corazón y bloqueando tu mente.

Tenemos una gran obligación con nosotros mismos.

A veces la educación nos educa demasiado. Me explico. A nadie se le escapa la importancia y la necesidad de la educación. Sin embargo, muchas veces al tiempo que somos educados somos limitados. Nosotros ya nos autoimponemos limitaciones, que no límites, porque pensamos que son una manera correcta de afrontar la vida. No obstante llegamos a la vida con la obligación de poner en valor lo mejor de nosotros mismos, nuestras habilidades y talentos, nuestras capacidades. Llegamos a la vida con la obligación encontrar el camino por el que desarrollar nuestro mejor y más poderoso yo. Tanto por nuestro propio provecho como por el provecho que podemos dar a nuestro entorno, aportando valor y valorándonos.

Si buscamos la definición de obligación en el diccionario nos encontramos en primer lugar una bastante dura e incluso frustrante «Exigencia establecida por la moral, la ley o la autoridad» algo impuesto duramente. Afortunadamente en segundo lugar aparece «Correspondencia o gratitud que una persona debe tener y manifestar a los beneficios recibidos de otra persona» ¡Bien! Ésta es la nuestra, otra mirada desde la gratitud y el beneficio. Por eso tenemos obligación con nosotros mismos de crecer, de desarrollarnos desde quién somos, agradecidos a la vida por la oportunidad que nos brinda de ser felices.

Agarra con tus manos, con tu mente y tu decisión el cambio, vivir tu mejor vida posible. Transforma lo que te limita por lo que te empodera.

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